Frida Kahlo a los 11 años,
foto tomada el 15 de julio de 1919
La vida de Frida estuvo
marcada desde muy temprana edad por el sufrimiento físico y las enfermedades
que padeció. El primero de estos infortunios consistió en una poliomielitis que
contrajo en 1913, dando inicio a una serie de sucesivas enfermedades, lesiones
diversas, accidentes y operaciones. Esta primera enfermedad la obligó a
permanecer nueve meses en cama y le dejó una secuela permanente: la pierna
derecha mucho más delgada que la izquierda. Animada por su padre y como parte
de su rehabilitación, Frida practicó diversos deportes, algunos poco usuales en
la sociedad mexicana de su época para una niña, como fútbol o boxeo.
Sin embargo, la evidente
limitación motriz, así como las constantes operaciones quirúrgicas y
tratamientos médicos hicieron que Frida se desarrollara de modo diferente y con
frecuencia se viera impedida de participar con otros niños. Varios de los
cuadros que luego pintara en su vida adulta reflejan la temática de la soledad
de su infancia. Un ejemplo que se cita con frecuencia es la obra de 1938 Cuatro
habitantes de Ciudad de México, un óleo sobre metal de 32,4 x 47,6 cm, que
muestra una pequeña niña sentada sobre una superficie en altura y ataviada con
tehuana. La niña parece abandonada y triste, chupándose el dedo con desolación.
Otro cuadro de ese mismo año (Niña con máscara de muerte o Ella juega sola)
que Frida pintó en dos versiones muestra a una pequeña niña de unos cuatro años
de edad con una máscara de calavera. Si bien se trata aquí del Día de los
Muertos, una celebración que en México tiene un carácter de fiesta popular,
también se ha comentado el sentimiento de soledad que a pesar de ello transmite
la pequeña de este cuadro, quien se supone que representa a la propia Frida.
Mientras la ambivalencia de
sentimientos de amor y odio caracterizó el vínculo de Frida con su madre, la
relación con su padre siempre fue de mucho cariño y cercanía. Y se hizo aún más
estrecha tras la enfermedad de poliomielitis de Frida, puesto que fue su padre
quien principalmente la acompañó en sus ejercicios y la guio en los programas
de rehabilitación. Frida, a su vez, fue testigo de los continuos y misteriosos
desmayos de su padre, para los que en su temprana infancia nadie le ofreció
explicación alguna. Se trataba de los frecuentes ataques epilépticos que sufría
su padre como secuela de una temprana lesión cerebral. Con el tiempo, Frida
aprendió a prestarle asistencia en estas circunstancias y finalmente se enteró
de su causa. La experiencia compartida de lidiar contra el infortunio de las
enfermedades unió a padre e hija con un lazo muy fuerte de solidaridad y
empatía.
Juventud
No se ha logrado identificar
con exactitud la escuela a la que concurrió Frida antes de 1922. Repetidamente
se ha señalado, sin embargo, que fue alumna del Colegio Alemán hasta 1921 y que
allí habría obtenido su certificado escolar. Sin embargo, las actas del
colegio no brindan una prueba de ello, ni tampoco tenía Frida el dominio del
idioma alemán esperable, tal como ella misma escribió en una carta —redactada
en idioma inglés— de 1949 a Hans-Joahim Kahlo, donde intentaba averiguar sobre
sus ancestros y familia en Alemania.
En 1922 ingresó a la Escuela
Nacional Preparatoria de Ciudad de México, prestigiosa institución educativa de
México, que recientemente había comenzado a admitir estudiantes de sexo
femenino. Eran solo 35 mujeres, de un total de dos mil alumnos. Entonces
aspiraba a estudiar medicina. En esta escuela conoció a futuros intelectuales y
artistas mexicanos, como Salvador Novo, y formó parte de un grupo de alumnos
conocidos como Los Cachuchas, llamados así por las gorras que usaban. A este
grupo solo pertenecían dos mujeres: Carmen Jaime y la propia Frida. Los demás
eran todos hombres que en sus vidas de adulto tuvieron éxito intelectual o
profesional en la sociedad mexicana: Agustín Lira, Miguel Lira, Alfonso Villa,
Manuel González Ramírez, Jesús Ríos y Valles, José Gómez Robleda y quien se
convirtiera en su novio, Alejandro Gómez Arias. Las cachuchas eran rebeldes, se
autodefinían como un grupo político, crítico de la autoridad, protestaban
contra las injusticias y se movilizaban por las reformas del sistema escolar.
Pero además se divertían y gastaban bromas en la escuela con gran entusiasmo.
Su actividad y posición política calzaba en algún espacio entre las ideas
anarquistas y revolucionarias románticas. Más adelante, Frida plasmaría sobre
la tela una escena típica de sus encuentros con estos amigos. El óleo, pintado
en 1927 y con estilo cubista, lleva por título Los Cachuchas (o,
alternativamente,Si Adelita...) y transmite, con ayuda de símbolos, la
atmósfera grupal y los intereses de los miembros del grupo.

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